Este es el recorrido completo, sin misterio: desde el primer día hasta el cierre de cada semana.

Tu primer día no tiene formularios ni tutoriales. Tiene una conversación con NOOR: qué vendes, a quién, cómo cobras, cuánto puedes atender por semana. Hablas de tu negocio como se lo contarías a alguien de confianza — y con eso, NOOR arma tu sistema.
Si tu oferta está enredada («vendo de todo un poco»), NOOR te ayuda a ordenarla primero. Porque un mensaje construido sobre una oferta vaga no vende.

Todo vive en tu cabeza: a quién responder, qué se enfría, quién debería volver. Una piedra que cargas cada día.

NOOR toma ese peso: lo ordena y te lo devuelve en tres pasos claros. Tú solo decides.
¿Llegó un pedido? ¿Karina respondió? Se lo cuentas a NOOR como le escribirías a un socio: «Karina confirmó los 50». Y para lo cotidiano, un solo toque: Respondió · Nada aún · Cerró · No va.
Sin llenar fichas. La memoria de tu negocio se construye mientras vives tu día — no en una sesión de «meter datos» que nunca llega.
El Vigía de prospectos detecta al interesado que se enfría: pidió precio, pasaron tres días, silencio — y te lo trae con el mensaje de retome listo. El Vigía de recurrentes detecta al cliente que ya debería volver — y te propone el mensaje de regreso antes de que se lo proponga otro.
Tú no vigilas nada. Por eso se llaman Vigías.
El domingo, NOOR te entrega el cierre semanal: qué se movió, qué se cerró, qué quedó pendiente y — lo más valioso — el foco propuesto para el lunes. Empiezas cada semana sabiendo, no adivinando.